Por impulsividad arranca la travesía.
Escribir en un vehículo en movimiento es difícil.
De todas maneras, mi legibilidad casi siempre es nula.
Corrupción de la estabilidad
y evidencias de vandalismos:
estas cosas no pasarían
en el tranvía o el metro de ésta ciudad.
Lo que sí persistiría sería el
sobrecupo, antes desbordado
y ahora en exceso apretujado,
todo a casua de la desproporción
de la corrupción.
Se acerca la mitad del viaje,
donde deberíamos recordar los héroes
y volver de la muerte al ser ahogados,
pero sólo transbordamos viendo culos y rostros,
mientras nos ahogamos en
el sopor del veneno
y en la deuda.
No recorremos calles,
navegamos concreto;
mecidos por las olas del asfalto
y estremecidos por tremendo hueco.
No transitamos calles,
pero naufragamos en el tiempo;
dejando atrás carros, cosas y personas
mientras navegamos el concreto.
