Hay días certeros
en que fluye la hemorragia
de la cual
se manifiesta la nostalgia.
Hay otros días lentos,
de transición remota:
desarrollo monótono,
repite una misma nota.
En los días amargos
de matiz gris fúnebre
el ambiente es opaco y extraño,
alimenta la decadencia del hombre.
Pero en los días agridulces
hay una nota de esperanza:
músculos levemente marcados
atrás de la incipiente panza.
En prisión de carne y de hierro
se cuentan tanto días como noches
para sobrellevar la condena
de largo encierro y de instantes en derroche
y en las de agua y fuego
se cuentan ya las chispas y los brotes:
las gotas que se juntan forman sueños,
y el ardor Eterno derrite los barrotes.
