No son pocos los recuerdos
(ya confusos por enredos,
ya oscuros por los credos)
ni son menos los silbatos,
los regaños de niñatos
por no ser todos innatos.
Entre aquellos siendo ajenos
pueden cortarse los frenos
y aparentar que son menos,
o que en lo que son exceden
cuando a otros los agreden:
obtendrán lo que merecen
y les pesarán los años
por haber causado daños
y vivir en sus engaños.
Pero entre los que son propios
actuarán sus albedríos,
imperando poderíos:
siendo pronto recordados
podrían ser olvidados
en tragedias de los Hados.
