Una inesperada llamada vespertina
fue prefigurada por otra matutina.
La una de necesidad capitalina,
la otra fue de familiar rutina.
Al anochecer, mayúscula fue la sorpresa
por adelantar conclusiones y ser presa
de aquel afán del que no se regresa,
impulsado por el paso firme, la noble empresa.
Y mientras tanto, meditabundo y reflexivo,
en estado pre-onírico, profundo y pensativo:
el resumen del día no apunta a nada conclusivo,
pero al menos no es fracaso acumulado, interno, destructivo.

