He aquí una reflexión sobre las destrezas
embotadas por la falta de asperezas:
como un machete que ya no corta males,
hay que afilar para que no crezcan tales.
Mucho tiempo oxidado por perezas,
agarra débilmente con sus tenazas:
un cangrejo ya sin mar y ya sin sales
sucumbe pronto a cosas poco tenaces.
Retomar disciplina sin sutilezas
nos llevará pronto a grandes proezas:
hay cicatrices tras éxitos constantes.
En la inacción también queda embotado
ese que se olvida lo que ha pactado
con sus promesas y palabras errantes.

