Una travesía sin cúspide
es una busqueda perenne.
Efímera revelación es
la desaparición de la cumbre:
por siempre deambulando entre la niebla
en medio de una meseta.
Una aspiración interior
nos hace apuntar hacia lo alto,
pero, extraviados,
no percibimos más que un continuo horizonte.
Súbita inspiración,
una musa metafísica nos habla
del pico de la montaña.
Una pugna cognitiva ocurre
cuando por doquier nos rodea
el interminable altiplano y su monte.
¿Alucinación o fantasía?
Una turbulencia sacude el viaje
y desestabiliza el panorama.
Como una cruel anomalía
surge el espectro de la cumbre
en la cima de la montaña.
Inalcanzable y siempre huidiza,
nuestra meta nunca es olvidadiza.
Una travesía sin cúspide
es una busqueda perenne.










